Mi árbol favorito
De pequeña creo que tenía un árbol favorito. No me preguntes qué árbol era porque no tengo ni pajolera idea. La jardinería nunca ha sido lo mío. Lo que quiero decir es que no era mi árbol favorito por el árbol en sí, sino por lo que representaba. Era un árbol accesible, trepable, alcanzable para los ojos, pies y manos de una niña pequeña. Estaba en el parque al que iba todas las tardes a jugar. Terminaba de comer y llamaba por teléfono a varias amigas por orden de lista en la agenda de teléfonos, para averiguar quién podría ir al parque y quién no. ¿Qué necesidad? Total, íbamos todos los peques del cole al mismo parque y si no pues ya nos veríamos en clase al día siguiente. ¿Quizás de pequeña tenía poca tolerancia a la incertidumbre? ¿Tenía dotes de secretaria? El caso es que yo llegaba al parque correteando y dando brincos porque caminar como los adultos era demasiado aburrido. Llegaba allí lista para otro día más de saltos y tropezones con las raíces de los árboles, con el inevitable...